En el salón de la tradicional confitería “El Águila” se estrena el 7 de julio de 1906 el Bioscopio Urban (antecesor del cinematógrafo) moderno y perfeccionado aparato en el que se proyectaban películas con vistas a las calles y plazas de las ciudades.
Las funciones cinematográficas continuaron los meses siguientes con gran concurrencia de publico adquiriendo el propietario un moderno piano eléctrico para acompañamiento de las películas.